Friday, October 29, 2010

Desde las cortinas naranja hasta la luna en el cielo diurno

Como sucedió todo sin saber si fue el destino, tengo la certeza de que sucederá más. Todo es peligroso y sí, el peligro es divertido. No tanto la diversión sino la pasión que hay dentro, dentro de mi y dentro de quien me acompaña. Desde la propuesta tecnológica, al despertar temprano, hacer todo lo que se debía, apurar el tiempo, llegar al punto, entrar al transporte y notar las cortinas naranja, hablar de montañas, fijar la trayectoria, llegar a la colina, destruir varias frutas, pasear por el mercado, adquirir la llave en el corazón, dañarnos los riñones un poco, recibir una paliza con guitarra, subir a la cima, encontrar un lugar seguro, y tomar el riesgo. Verla a los ojos y expresarle todo el amor que siento por ella, todo el fuego que arde dentro de mi, toda la fuerza y voluntad hacia ella y finalmente hacerla sentir aquel calor. ¡Aquel calor que no se extinguirá por nada en el universo! Tomarla de la mano y comunicarle que la quiero con todo mi ser acariciándola con el pulgar. Atraer su cabeza hacia la mía como un imán y permitirle sentirse querida, amada, deseada, adorada. Sentir su rostro en el mio, sentir el calor que le contagié, sentir sus labios en mi mejilla. Ver sus miradas pausadas y firmes que me penetran el alma y para no estallar de repente; besarle en los labios... Suspensión... Todo el tiempo que ha consumido de mi de pronto me devuelve mi virtud... La amo... Siento que lo que hice no debió pasar y aun así todo lo que me atormentaba se desvaneció. Nada importaba, absolutamente nada, solo importó que estuviese ahí con ella con aquel beso en la punta de los labios. Mi amor supremo, amor eterno, amor lentamente conquistado. Fuego y llamaradas estallaron tangiblemente desapareciendo todas las nubes del cielo y en una esquina a las nueve en punto ella me señaló. Allí estaba la luna en el cielo diurno observándonos silenciosamente. El clímax de todo lo que siento aguarda, para en ese entonces casi se da a conocer. De vuelta lo que completó la perfección de aquel día. Lo relajado que me sentía con ella y ella conmigo en la oscuridad; yo la tenía a ella y ella a mi. El calor interno transfiriéndose mutuamente y aquel pulgar de mi mano derecha acariciándole nuevamente. En aquel lapso todo... Absolutamente todo fue perfecto. Desde las cortinas naranja hasta la luna en el cielo diurno y más allá... Te amo...