Tuesday, November 10, 2009

Los muertos huelen a hoja de platano...

Si cruzas por un cementerio de noche deberás llevar puesto un amuleto bendito porque pueda ser que algún difunto te lleve consigo. En este país deberás memorizare todas las oraciones y ensalmos que puedas, pues si piensas llegar a un destino de noche por un monte solitario sin problema alguno estás equivocado. No estoy hablando de lo conocido o físico, estoy hablando de lo que los ancianos relatan.

Si andas en caballo y te encuentras con alguna persona a pie; ¡Ni lo pienses! Si le das "una bola" tu caballo llevará encima el peso de su dueño, seis demonios y un alma en pena. No sabrás que está pasando desde un principio pero al compás del tiempo comenzarás a notar que dada vez que tu alazán toma un paso se siente más cansado. No comprendes, usualmente este animal huye como alma que lleva el diablo incluso hasta con un pasajero adicional pero en esta noche iluminada por la luna llena, no ha trotado ni un cuarto del camino y ya está agotado. Decidiste montar aquel hombre, mujer, señorita o niño desolado para hacer un bien y ahora te encuentras avergonzado o quizás en apuros porque tu animal ya no tiene fuerzas. Le dices cualquier cosa al pasajero para disimular lo inusual y éste ni siquiera te contesta. Te preguntas de donde viene ese olor tan fuerte a hojas de plátano y azufre. Te das cuenta que desde que montaste al viajero nocturno no te ha dicho una sola palabra. Estás confundido quizás si te dijo algo pero no recuerdas nada. Te convences de que si te dijo algo pero por más que quieres recordar, no cruza ni un "¿que tal?" por la mente. Después aceptas que no te ha dicho nada y pasa por tu mente que tal vez es mudo. Ya tu animal no puede más y está dando sus últimos esfuerzos en llevarlos a ambos, quieres que no sea así pero algo anda mal. Es tu animal, te preocupa que se vea en esa condición. ¿Como es que esta persona que llevas detrás pueda pesar tanto? ¡Es imposible aquel hombre, mujer, señorita o niño no es siquiera la mitad de tu peso! Para disimular tu ya notable preocupación de la situación le dices "¿Y como te llamas?" al pasajero, y este contesta nada. Giras la cabeza hacia atrás para ver si es que está durmiendo o algo. ¡El espanto que te das es indescriptible! Aquel hombre, mujer, señorita o niño ya no está. Lo que llevas montado es un ser con piel negra y ojos enormes de color rojo. Cuatro colmillos que se traspasan entre sí aún con la boca cerrada. Tiene dos cuernos enrollados parecidos a esos que tienen las cabras de montañas. Largas extremidades y garras horrorificas. Tu animal sincronizada-mente con el espanto, cae de lado y te paras apresuradamente para huir pero no puedes. Ese rostro horrible que tu visión captó esa noche fue lo ultimo que viste. Nadie ha sabido de ti, solo han encontrado tu animal sano y a salvo con unas extrañas quemaduras en los muslos traseros. Tu familia te añora pues nunca ha vuelto a saber de ti. ¡Tu no has vuelto a saber de ti! Algunos viajeros nocturnos dicen haberte visto caminando por esos montes solitarios, pero ni siquiera los que no te conocen se atreven montarte en su caballo. ¡Debiste saberte alguna oración, poseer un amuleto o no montar aquel hombre, mujer, señorita o niño solitario! Aquella noche en la cual caíste en lo desconocido. Lamentas que no le pusiste la atención necesaria a todo los cuentos que tu abuelo relataba...

2 comments:

Lino S. said...

Tu mejor entrada hasta ahora...

Unknown said...

ok quiero leer mas !.